Rompiendo barreras, un casco rosado a la vez.

El pasado mes de marzo, en el marco de las celebraciones del Mes de la Mujer, tuvimos el honor de entrevistar a Ilya Espino de Marotta para nuestra serie de pódcast, La Voz de Stratego.

En ese momento, ejercía como subadministradora del Canal de Panamá, una posición más que merecida y que representaba el último gran escalón antes de alcanzar la cúspide de su carrera profesional.

Durante la entrevista, Ilya nos recordó cómo, poco a poco, fue abriéndose camino en una profesión particularmente desafiante y dentro de una institución de enormes dimensiones, históricamente dominada por hombres. Su perseverancia, preparación y, sobre todo, el amor por su trabajo la llevaron a mantenerse firme y a continuar creciendo dentro de la organización.

Nunca tuvo reparo en asumir retos ni en desafiar el status quo. Una de las mayores pruebas de su capacidad llegó cuando le correspondió asumir la dirección del proyecto de Ampliación del Canal de Panamá, el proyecto de infraestructura más grande en la historia de nuestro país, cuya exitosa culminación marcó un antes y un después para la vía interoceánica.

Y allí estuvo también su casco rosado. Mucho más que un elemento distintivo, terminó convirtiéndose en un símbolo y enviando un mensaje poderoso: las mujeres no solo podían estar presentes en espacios tradicionalmente ocupados por hombres; también podían liderarlos. Era una forma de visibilizar —literalmente— a las mujeres en posiciones de liderazgo.

Hoy, a pocos días de que Ilya tome posesión como la primera mujer administradora del Canal de Panamá, un hecho sin precedentes en nuestra historia, vale la pena detenernos a reflexionar sobre lo que representa este momento.

Sus logros profesionales son, sin duda, producto de su preparación, su perseverancia y su determinación. Pero para muchas personas, esto no se trata solamente de Ilya ni de un nombramiento más. Se trata de un momento trascendental para las mujeres de nuestro país. Es la constatación de que los espacios de liderazgo continúan abriéndose y de que puertas que durante mucho tiempo parecieron impensables hoy comienzan, finalmente, a ceder.

Su nombramiento también envía un mensaje poderoso a todas las niñas y jóvenes de Panamá: que vale la pena prepararse, perseverar y dar lo mejor de sí mismas cada día; que el esfuerzo puede abrir caminos y que ese reconocimiento puede llegar, incluso hasta alcanzar posiciones que alguna vez parecieron fuera de alcance.

No cabe la menor duda de que los libros de historia recordarán el hito de Ilya Espino de Marotta, como recuerdan a tantas otras mujeres extraordinarias de Panamá que se atrevieron a desafiar barreras y, al hacerlo, marcaron el camino para que muchas otras pudieran avanzar y alcanzar sus propios sueños.

Felicidades, Ilya, por inspirarnos a seguir rompiendo barreras, un casco rosado a la vez.


Artículo escrito por:
Stratego
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